Estábamos cautivados con la noche, estábamos viendo el cielo completamente perforado, tirados boca arriba, con las manos en el pecho y la respiración en automático. Estábamos felices.
Eramos dos, eramos cuerpo en el pasto, mente relajada, eramos algo, vida, por ejemplo.
Teníamos pocas cosas, poca plata, poca comida, mucha música en un MP3 y una intoxicación de una semana que nos obligaba a cuidarnos entre si y a nosotros mismos.
En el momento de mayor tranquilidad alguien movió el paño, ambos vimos el cielo arrugarse a un lado, luego al otro.
Cayó, se nos vino encima, nos tapó por completo.
Cayó, se nos vino encima, nos tapó por completo.
El piso se abrió, nos enterramos vivos entre los escombros del sótano de una productora, rodeados de vestuario y utilería vieja, con algunas maquilladoras escondidas en los pasillos de las estanterías, con algunos continuistas trepados en cuclillas por las repisas dejando todo "donde tenía que estar", también había asistentes que no tenían a quien asistir pero asistían.
Dios había muerto, en verdad el existió.
Desconcierto, gritos, el pánico ganando siempre con prepotencia.
El miedo al ridículo y el ridículo derechito caminado hacia el miedo, repitiendo palabras tales como "profesional", "técnica" y un rosario de apellidos de gente muerta.
Desconcierto, gritos, el pánico ganando siempre con prepotencia.
El miedo al ridículo y el ridículo derechito caminado hacia el miedo, repitiendo palabras tales como "profesional", "técnica" y un rosario de apellidos de gente muerta.
Un contingente de extras silenciosos entró rompiendo el candado y empujando las piedras. Un catering viejo, lleno de telarañas fue arrasado en el momento de mayor caos.
Todo comenzó a desaparecer. Ahora no había escapatoria, había exteriores, luz día y un aburrimiento triste.
No solo la realidad había superado la ficción, la realidad había superado la realidad.
Los desilusionistas brindaban felices como si jamás hubieran entendido el juego, como si hubieran revelado algo.
No solo la realidad había superado la ficción, la realidad había superado la realidad.
Los desilusionistas brindaban felices como si jamás hubieran entendido el juego, como si hubieran revelado algo.
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