Recuerdos de un día como hoy para alguien que suelta todo lo que escribe


La fiesta había sido prometedora. Se conoce porque el muchacho estaba tirado en el piso del subte en estado de inconsciencia absoluta.
Los policías se acercaron al cuerpo, dos eran ellos, uno se pone un par de guantes. Mano enguantada levanta al hombre tomándolo del brazo izquierdo.
Ya subido a sus piernas descubrimos: Que le resulta imposible mantener el equilibrio, que sus ojos están herméticos, que por suerte tiene su mochila colgada de un hombro, que su aliento debe ser inflamable.
Los policías lo acompañan al asiento del anden, la escena es sutil y cordial, casi pasaría desapercibida si no fuera por mi atenta mirada y la de otras 20 personas pasajeras.
Me imagino dos segundos el mundo interior de él, luego el de los dos policías. En ese momento descubro detrás de ellos un cartel, afiche, papel, que invita a una estación saludable, en la que se puede alquilar una bici o comer una manzana, no importa si es verde o roja, la que elijas caerá de una máquina expendedora.
Las puertas del subte se cierran, todos cogoteamos para ver un poco mas.
El subte arranca, mis ganas de gozar de esta buena mañana, sin resaca, mi cuerpo arranca, mis ganas de derrapar.
Será este un pensamiento mas de esos que se tienen bajo tierra, pensamiento prometedor como las fiestas a las que podría ser invitada y tan saludable como la vida que realmente no se puede llevar.

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